Es la propia Naturaleza quien mejor cuida al vino, haciéndolo desarrollar por sí mismo la "flor" o película de levaduras vivas que cubren su superficie, protegiéndolo de la contaminación de microorganismos.

Este sistema de crianza biológica bajo "velo de flor“, genuino de la zona, es el que da a nuestros vinos sus aromas y bouquets característicos.