Utilizando la uva blanca airén, se obtiene un vino con una graduación alcohólica de entre 10 y 13º, que es sometido a destilación de una o dos vueltas, siendo la segunda o doble destilación, realizada en alambiques de cobre, la que da lugar a los aguardientes de mayor calidad. Este aguardiente refinado recibe el nombre de "holandas", con 65 grados.

La mezcla de holandas y destilados vínicos es sometida al proceso de envejecimiento tradicional de "Criaderas y Soleras", mediante el cual va adquiriendo el color y aroma que le proporcionan los taninos de la madera, hasta conseguir las características deseadas para cada una de las calidades que componen nuestra gama.